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Uno de cada cinco alemanes vive en la pobreza o con pocos ingresos

Alemania tiene dos caras. La macroeconómica, con todos los datos positivos que la afianzan como locomotora europea; y la microeconómica: uno de cada cinco ciudadanos de Alemania está en peligro de exclusión social o afectado por alguno de los factores que definen la pobreza. Traducido a números, la afirmación es todavía más impactante: 16 millones de personas, prácticamente el 20% de la población de la economía más poderosa de Europa, tienen unos ingresos mensuales que no superan el 60% de la media, límite fijado por la Unión Europea (UE) para formar parte de este grupo de población. Unos 850 euros en el caso de Alemania.

 

 

Los datos fueron publicados el pasado martes por la Oficina Federal de Estadística y corresponden al año 2011. El estudio, denominado Vivir en Europa 2011, revela que las mujeres son las más perjudicadas en cualquiera de los grupos de edad analizados. Mientras el informe establece en el 19,9% el porcentaje de residentes en el país con riesgo de exclusión social, en el caso de las mujeres se eleva hasta el 21,3%, y al 22,4% entre los ciudadanos de 18 a 65 años, mientras que el porcentaje de hombres de este mismo grupo de edad es del 21,3%.

EL 20% de la población alemana tienen unos ingresos mensuales que no superan el 60% de la media, limite fijado por la UE. En un país donde la mayoría de datos macroeconómicos son positivos, con un índice de desempleo que no llega al 7% y con 41 millones de población asalariada, cuesta creer que los datos de la Oficina Federal de Estadística puedan ser ciertos. Pero los números no engañan. O sí, ya que entre los 41 millones de asalariados que trabajan en Alemania, 7,5 millones, 18 de cada 100, perciben un sueldo que no puede exceder de los 400 euros, de acuerdo con la norma que regula esta modalidad de contrato. Además, una parte importante de estos minitrabajadores perciben ayuda estatal hasta alcanzar el mínimo de subsistencia.

Los sindicatos afirman que los minijobs –así se les conoce– son un buen negocio para los empresarios pero no tanto para los trabajadores. La DGB (Confederación de Sindicatos Alemanes) establece una ecuación nada alentadora para este colectivo: minijob = minijubilación = pobreza en la vejez. Es decir, es como si con este tipo de contratos, se estuviera preprogramando una vejez cercana a la indigencia.

Unos 4,6 millones de mujeres están sujetas a las condiciones de los minitrabajos, la mayoría en el sector de la restauración o de limpieza. Si consiguen alcanzar una vida laboral de 45 años –el mínimo exigido para cobrar el 100% de la jubilación– con este modalidad de contratos laborales, la pensión que percibirán al jubilarse no llegará a los 150 euros mensuales.

El dato se conoció hace unos meses a partir de una pregunta parlamentaria formulada por varios diputados y diputadas del partido Die Linke. La respuesta del ministerio de Trabajo generó un debate ante la perspectiva de que las pensiones de jubilación sean, en un futuro no muy lejano, excesivamente bajas. La ministra de Familia, Kristina Schröder (CDU), expresó entonces sus dudas acerca de estos contratos laborales con minisueldos y afirmó que no tiene ningún sentido prolongar los minijobs si en el futuro obligarán al Gobierno a ocuparse de las pensiones tan bajas que habrán generado.

Sin embargo, la iniciativa más reciente del Gobierno de Angela Merkel no parece que vaya a cambiar mucho la situación: A partir del 1 de enero del 2013 –año electoral– los trabajadores con minijobs podrán percibir hasta 450 euros más cada mes, de acuerdo con la normativa aprobada en el Bundestag el pasado jueves por iniciativa de los grupos que forman la coalición de Gobierno (CDU/CSU-FDP). Los portavoces de los grupos de la coalición aseguraron que los minijobs son un logro muy importante y que contribuyen decisivamente a la excelente situación del mercado laboral en Alemania, un punto de vista contrario al de los grupos de oposición, que votaron en contra de la nueva regulación, y de los sindicatos, que defienden la reducción de estos contratos, y no su expansión.

Los datos presentados por la Oficina Federal de Estadística van en la misma línea que el estudio elaborado por el ministerio de Trabajo, que en su informe sobre pobreza y riqueza, conocido recientemente, deja claro que las diferencias entre ricos y pobres van en aumento. El estudio del Gobierno concluye que el 10% de los hogares con mayor riqueza acapara más de la mitad de la totalidad del patrimonio neto. Y, además, esta tendencia no deja de aumentar.

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